muñoz

Ofrecemos un estudio realizado por el padre dominico Héctor Muñoz, socio fundador de la SAL, que ya celebra la liturgia celestial, sobre las plegarias eucarísticas centradas en el tema de la Reconciliación.

Plegarias Eucarísticas de La Reconciliación

 

                                                                                  Por fr Héctor Osvaldo Muñoz o.p.

 

Con ocasión del Año Santo de 1975, el Papa Pablo VI encargó a la Sda. Congregación para el Culto divino, preparar alguna Plegaria eucarística particular para ese Año, y que pudiera ser usada en las Misas “de Reconciliatione”.  En 1974, al anunciar dicho Jubileo, el Papa dio sus dos grandes temas:  1.  el de la conversión o renovación interior   2. el de la reconciliación con Dios y con los hermanos.  Vemos que ambos  son aptos para cualquier situación de la vida de la Iglesia y de los cristianos, por lo que el uso de dichas Plegarias eucarísticas tiene vigencia en cualquier ocasión, aunque  -de modo especial-   puede tener mayor significado en los Viernes del año y/o en encuentros en los que el tema “conversión” sea explícitamente considerado.

 

La Conferencia episcopal argentina las ha incluido en el “Propio” para las celebraciones eucarísticas, que complementa el  Misal Romano y las cuatro Plegarias que la Iglesia celebra de modo universal.

 

Nos decía Pablo VI, el 26.X.1974, que “la Plegaria de reconciliatione  puede ser usada cuando se hacen celebraciones sobre temas de la reconciliación y la Penitencia, especialmente  en Cuaresma, con ocasión de peregrinaciones o encuentros espirituales (…)”.

Recordemos que en la 2ª edición típica del Misal Romano (1975), entre las Misas por diversas necesidades, se incluyó una “por la reconciliación”, a la que estas Plegarias que consideramos se adaptan perfectamente.

 

¿Cuáles son los grandes temas propuestos?

 

1.   La reconciliación con Dios y con los hermanos

 

Esta tarea no es agotada con un Año Santo, sino que es una  realidad constante en las relaciones que el pecado quebró: con Dios, con el otro y con uno mismo. El don de la reconciliación quiere restablecer la alianza, y es búsqueda del camino que nos conduce a Dios y nos lleva al encuentro con su misericordia. Al mismo tiempo, nos empuja al servicio de los hermanos (Cf Plegaria Eucarística 1ª “de la reconciliación”,   Prefacio).  Los frutos de esa reconciliación buscada y encontrada  serán “que las luchas se apacigüen y crezca el deseo de la paz; que el perdón venza al odio y la indulgencia a la venganza” (P.E. 2ª, Prefacio).

 

El cristiano profesa la paz como una necesidad, sin la cual no se puede vivir ni como hombre ni como hijo de Dios.

 

2.   Dimensión trinitaria de la reconciliación

 

Toda Plegaria eucarística va dirigida al Padre.

él no cesa “de llamarnos a una vida plenamente feliz”. Dios-Padre es  un “Dios de bondad y misericordia (y nos ofrece) siempre su perdón”. él invita “a los pecadores a recurrir confiadamente a su clemencia” y  da pleno sentido a la alianza negada y restaurada: “Muchas veces los hombres hemos quebrantado tu alianza; pero tú, en vez de abandonarnos, has sellado de nuevo con la familia humana (…) un pacto tan sólido que ya nada lo podrá romper” (1ª, Prefacio).

 

El Espíritu Santo tiene también un lugar explícito: Dios alienta a su pueblo “para que vuelva a ti, obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo”: todo esto, “en el tiempo propicio que Dios nos ofrece”. Ese tiempo es el Año Santo, pero no sólo ese Año, sino la vida del cristiano, tiempo de la misericordia de un Dios que enfrenta nuestras miserias  y las cubre con su amor. Sabemos que el fruto máximo de la Eucaristía es hacernos a nosotros mismos, una eucaristía viva, un solo Cuerpo. Queremos formar, “por la fuerza del Espíritu, un solo cuerpo, en el que no haya ninguna división” (1ª, Epíclesis de comunión). El Espíritu Santo hará que “desaparezca todo obstáculo en el camino de la concordia” (2ª, Idem).

 

Jesús, muerto y resucitado, es la referencia de esta gran Plegaria. Todo mira al sacrificio gratuitamente ofrendado al Padre, para la vida del mundo. “En una humanidad dividida por las enemistades y las discordias” (2ª, Prefacio), Dios conduce los corazones de los hombres a la reconciliación.  Pero esta reconciliación tiene un nombre: Jesucristo. él es nuestra paz. él es nuestra reconciliación. él es la víctima que se ofreció y que entregó su sangre, para la remisión de los pecados. él es el intercesor por quien dirigimos  al Padre nuestra súplica confiada, sabiendo  nada niega a Cristo, su Hijo.

 

 

3.   Dimensión eclesial y escatológica de la reconciliación.

 

 Las Plegarias eucarísticas  son la suma expresión de la oración cristiana. En ellas pedimos por los lazos de comunión entre todos los bautizados, pero de modo especial, entre el Papa y los Obispos (1ª  y  2ª). También imploramos que Dios reúna “a los hombres de cualquier clase y condición, de toda raza y lengua, en el banquete de la unidad eterna, en un mundo nuevo donde brille la plenitud de tu paz” (2ª).  Estos pedidos interpelan la buena voluntad de quienes celebramos la Misa, obligándonos a un serio esfuerzo en pro de la paz en cada corazón y de la paz en la comunidad humana y cristiana.

Pero también nuestra inteligencia y nuestro corazón apuntan más alto y más lejos: “Hasta la hora en que nos presentemos ante ti, santos entre los santos del cielo” (1ª).

Aunque no vivamos la exigencia a la paz y a la santidad plenas, lo que sí salta a la vista es la de un mundo necesitado de bondad y ternura, herido en su corazón y necesitado de sanación, de una salud que viene de lo alto, porque “lo bajo” ha constatado su imposibilidad de alcanzarla y su posibilidad de quebrarla, una y mil veces.

 

                                    * Creo que será un bien un frecuente uso de las dos  Plegarias de la reconciliación, en celebraciones eucarísticas donde se reafirme el don de la paz de Cristo, una paz diversa de la que el mundo nos da.

COMENTARIOS

No han dejado comentarios

Escriba su comentario

Nombre (*)
Email (*) (no será publicado)
Mensaje (*)



Código de Validación
(*) Datos obligatorios